Hoy quería hablarme del precio del arroz, pero acabamos hablando de su hija mayor, que estudia para enfermera y que según ella lee demasiado. «Lee novelas», me dice arrugando la nariz. «Yo le digo que estudie, pero ella prefiere las historias inventadas». Le digo que las historias inventadas son a veces las más útiles. Me mira como si hubiera dicho una herejía interesante.
De vuelta a casa pienso que llevo media vida defendiendo lo mismo en distintos idiomas y que todavía no he convencido a nadie del todo, ni a mí misma.