A solo 74 km de Bangkok en la provincia de Songkhram al sudoeste y a unos cuantos kilómetros del Golfo de Tailandia se encuentra un lugar de nombre Amphawa. Esta población se encuentra edificada entre los canales que desembocan al río Mae Klong.
Nuestra experiencia comienza con la salida de Bangkok. Como este lugar no es muy conocido por el turismo no tailandés, las instrucciones para hacer esta excursión son algo confusas. Además de que la tailandesa que nos lo recomendó es la novia de nuestro hijo y como va a todos lados en coche no usa transporte colectivo para ir cerca de Bangkok por lo que difícilmente puede aconsejar sobre como hacerlo de esa manera. La forma en que nos comportamos las personas cuando nos encontramos viviendo en nuestra propia cultura, muchas veces no nos deja pensar en la confusión que podemos generar si no damos instrucciones precisas. En ninguna guía encontramos una buena explicación para llegar aquí de manera que en verdad nos lanzamos a la aventura.
Sólo el encontrar el lugar para subirse al autobús que nos acercara a nuestro destino ya lo fue pues resulta que hay dos estaciones de autobuses en Bangkok para el abordaje de autobuses que van al sur, una antigua y otra nueva. Además tienen por nombre palabras casi idénticas y están muy cercanas entre sí. Todo mundo en Bangkok conoce la antigua que es realmente de país tercermundista aunque rebosante de gente, pero sólo unos cuantos conocen la nueva que parece un aeropuerto y que por lo mismo se encuentra un tanto desolada.
Como el paseo lo planeamos con una amiga francesa (que habla menos tai que nosotros), quedamos de vernos en la supuesta única estación. Resultado de esto es que nosotros llegamos a la nueva y ella a la vieja. Después de hacer varias llamadas a nuestros teléfonos móviles y tratando de encontrarnos cuando al parecer lo que ella veía no era lo mismo que lo que nosotros, es que llegamos a la conclusión de que existían dos estaciones.
Decidimos ir a la vieja estación en amabilidad a ella que venía sola, para que luego el autobús que tomamos allí, nos regresara a la nueva donde hace parada igualmente.
Después de casi dos horas de viaje porque el chofer conducía muy despacio e hizo varias paradas, llegamos a Samut Songkhram.

Continuamos en un camioncito abierto hasta Ampawa, pero como no llevábamos ninguna reservación comenzamos a preguntar y buscar algún guest house u hotel pequeño (no hay otros).
Siendo este un paseo muy local, la gente sabe exactamente lo que quiere hacer y ver, por lo que ya no pudimos encontrar lugar en el hotelito más simpático del lugar.



Aquí pudimos experimentar desde nuestra llegada el ambiente bien tailandés y al igual que en mi meditación, la vida muy asiática.
Aunque los tailandeses siempre se distinguen por su amabilidad, en este lugar se destacó esta hospitalidad. Siempre prontos a ayudar, a tratar de comprenderte en lo que puedan.



La única comida que hicimos, fue en un restaurante muy sencillo en el que por no entendernos bien, tuvimos que ponernos de pié y señalar con el dedo lo que queríamos. No resultó exactamente lo esperado pero nos gustó. Nuestra amiga lo tuvo más complicado porque es vegetariana y con más manías para comer que nosotros.

Cuando ya entra la noche, es casi obligación tomar una lancha para ir a ver luciérnagas, pues el lugar es famoso por la abundancia de éstos insectos y precisamente se llena de gente en los días que tienen noches sin luna que permiten observar mejor el espectáculo.
Contratamos una lancha en el guest house y nos subimos con un montón de gente. Lanchas y más lanchas saliendo hacia el río para ver a los insectos luminosos.
Como todo en estos tiempos, somos demasiada gente queriendo ver lo mismo por lo que se vuelve difícil hacer cosas con poca o nada de gente, es decir, se pierde un poco el sentimiento de descubridor del que disfrutamos en México por tantos años.
Tarda bastante la lancha y aunque resultó un poco pesado valió la pena. De repente comienzas a ver árboles en los que hay tantas luciérnagas que dirías que les han puesto focos intermitentes. Curiosamente los insectos en cuestión, al estar todos juntos en los árboles se sincronizan para encenderse y apagarse, lo cual, al menos para nosotros daba una cierta impresión de falta de naturalidad. Laurence nuestra amiga por un momento empezó a decir que eran focos y que nos tomaban el pelo. Pero no es así, son luciérnagas y lo que pasa es que ya nos hemos acostumbrado a pensar que siempre alguien nos quiere engañar. Los árboles parecen arbolitos navideños con luces intermitentes. Después de alrededor de dos horas de paseo acuático, regresamos satisfechos de haber visto el espectáculo. Desde luego que las explicaciones de dos horas en lancha solo eran en tai, por lo que si no hubiera sido por la amabilidad de dos jovencitas tais que como siempre y en su gran mayoría están prontas a ayudar sin siquiera pedirlo, viendo que éramos los únicos tres no asiáticos en la lancha, comenzaron a traducirnos algunas de las explicaciones. Como siempre y a pesar de ser repetitiva quiero destacar que lo mas bonito de este país, es su gente.
Fue un fin de semana encantador y sobre todo por ver costumbres mas autenticas que las que se ven en una ciudad, que aun siendo muy tai, ya es muy cosmopolita, esto casi siempre sinónimo de demasiadas cosas iguales entre unas ciudades y otras.
Sanuk
Comentarios (1)
Les dejo un profundo deseo de paz interior,
energia y amor para estas fiestas.
Aprovechemos estos momentos de reflexiòn para
agradecer todo lo que tenemos.
Compartamos y ayudemos al que sufre.
Los abrazo con mi afecto de siempre.
MentesSueltas
PD: hermosa nota, amo ese pais, algun dia cumplire mi sueño.
Nuevos comentarios próximamente.